En el año 2017, del sistema de hogares y cárceles para adolescentes en Guatemala no se escuchaban más que malas noticias: «Asesinan a director de centro». «Atacan a monitores». «Incendio en un hogar seguro». Así que cuando salió la convocatoria para los puestos de dirección de la Secretaría de Bienestar Social, los candidatos no llegaban a la palma de una mano. Pancho Molina, a sus 34 años, fue el seleccionado.
Armado de una experiencia previa como psicólogo del Sistema Penitenciario, hermano de una persona que cayó presa injustamente durante un año y la fe puesta en Dios, Pancho consideró la convocatoria como la oportunidad para cumplir uno de sus sueños: «rehabilitar a los jóvenes en conflicto con la ley, para que sean personas de bien, para romper el ciclo de violencia».
Su fórmula fue una combinación extraña para estos tiempos de crueldad en el mundo: Orden y dignidad. Funcionó, tanto que acabó con el hacinamiento y redujo a cero los motines en las cárceles para menores durante los años que estuvo al frente, durante dos gobiernos, entre 2017 y 2024. Las noticias macabras dejaron de salir y los frutos del nuevo modelo son jóvenes que llegan a «una cárcel» en la que no hay barrotes ni grilletes y donde internos estudian, hacen prácticas en empresas de primer nivel y se rehabilitan.
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Pancho Molina (Ciudad de Guatemala, 1983), es psicólogo por la Universidad Francisco Marroquín y tiene una maestría en administración pública por la Universidad Galileo.
Ha trabajado en el sector privado, en el sector público y en el internacional, liderando programas innovadores de educación infantil, reintegración juvenil y seguridad ciudadana.
Es catedrático universitario de criminología en la Universidad de San Carlos y en la Universidad Regional. Pancho fue karateka, y ahora es papá, esposo y un servidor de Dios que ama a su país.